05.25.07

Misterios de las religiones (5/16)

Posted in Historia, religión at 6:58 pm by angel

Capítulo: El libro de los vigilantes o la rebelión de los satanes - parte 3ª (Flavio Josefo)

Flavio JosefoPero antes de adentrarnos a analizar qué dicen al respecto esos otros textos, veamos las variaciones que nos ofrece el judío Flavio Josefo en su obra «Antigüedades Judías» (Ediciones Akal, S.A., 1997), Libro I, después de hablar, en un pasaje no menos interesante sobre la descendencia de Set, de la humanidad posterior a Adán.

67 Descendientes de Set. […] «Y, siendo todos ellos de buena condición, habitaron tranquilos y felices las mismas tierras, sin que hasta el momento de la muerte les aconteciera nada desagradable, e inventaron la ciencia relativa a los cuerpos celestes y a su regulación. Y con el fin de que no escaparan a los hombres estos descubrimientos ni se perdieran antes de ser conocidos, al advertirles Adán que tendría lugar la desaparición de todo rastro de vida, en un caso por efecto del fuego y en otro por la fuerza y la abundancia de agua, levantaron dos columnas, una de adobe y otra de piedras, y en ambas escribieron los descubrimientos, para que, incluso desaparecida la de adobe por el diluvio, permaneciera la de piedra y permitiera a los hombres conocer el texto de la inscripción, además de señalar que habían erigido también otra columna de adobe. Y permanece hasta el día de hoy en la región de Siris». [¿Puede estar refiriéndose Flavio Josefo al mencionar esa columna de piedras a la Gran Pirámide y a la tradición que habla de antiguos conocimientos celosamente escondidos detrás de sus muros? Lamentablemente, nada sabemos sobre esa región de Siris donde se hallaría ubicada y donde aún se mantendría erguida en tiempos del historiador judío].

72 Degeneración posterior. […] «Y estos durante siete generaciones permanecieron fieles a la idea de que Dios es el señor del Universo y haciendo todo con miras a la virtud, pero luego, con el paso del tiempo, abandonando los comportamientos patrios cambiaron a peor, no ofreciendo ya a Dios los honores debidos ni manteniendo una relación justa con los hombres [no se sabe si Flavio Josefo está hablando de los primeros hombres o de los ángeles], sino que el celo que antes sentían por la virtud lo duplicaron entonces por el vicio, según mostraban en todo lo que hacían. De ahí vino que obligaran a Dios a enfrentarse con ellos. En efecto [aquí se halla la relación causal a que me refiero], muchos ángeles de Dios copularon con sus mujeres y engendraron hijos soberbios y desdeñosos de todo lo bello, por confiar en su capacidad. Y es que estos, según la tradición cuenta, cometieron iguales desmanes que los atribuidos a los gigantes por los griegos. Noé, en cambio, molesto con sus fechorías y disgustado con sus decisiones, trataba de persuadirlos a que cambiaran a mejor sus determinaciones y acciones, pero al ver que no le hacían caso y que, por el contrario, estaban poderosamente dominados por el placer de los vicios, abandonó el país con sus mujeres, sus hijos y las esposas de estos, por temor a que lo mataran».

Nuevamente nos encontramos con breves alusiones a unos hechos que, seguramente distorsionados por el paso de los milenios transcurridos, o prácticamente casi olvidados, resultaron tan trascendentales para la historia de la humanidad que, precisamente a pesar de la lejanía del tiempo en que sucedieron, aún conservaban suficiente relevancia en el consciente colectivo de los pueblos de la antigüedad para pervivir entre sus tradiciones religiosas con una significancia de verdad tautológica que nuestros modernos hagiógrafos han categorizado como mito. Pero el mito y los mitologemas no son sino eufemismos lingüísticos inventados por los racionalismos para desvirtualizar de contenido material los hechos reales, que adornados con la forma poética de lenguajes extinguidos, cuya semántica completa no alcanza nuestra comprensión, recogieron los aedos antiguos para que fueran conservados y transmitidos a las generaciones venideras.

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