06.11.08

Un manifiesto ateo

Posted in General at 6:30 am by angel

© Sam Harris
Traducción de Fernando G. Toledo y J.C. Álvarez
C&P:razonatea
En algún lugar del mundo un hombre ha secuestrado a una niña. Pronto va a violarla, torturarla y matarla. Si una atrocidad de este tipo no estuviera ocurriendo en este preciso momento, sucederá en unas pocas horas, como máximo unos días. Tanta es la confianza que nos inspiran las leyes estadísticas que gobiernan las vidas de 6 mil millones de seres humanos. Las mismas estadísticas también sugieren que los padres de esta niña creen que en este preciso momento un Dios todopoderoso y amoroso cuida de ellos y su familia. ¿Tienen derecho a creer esto? ¿Es bueno que crean esto?
No.
La integridad del ateísmo está contenida en esta respuesta. El ateísmo no es una filosofía; ni siquiera es una visión del mundo; es un rechazo a desmentir lo obvio. Desafortunadamente, vivimos en un mundo en el cual lo obvio es, por principio, pasado por alto. Lo obvio debe ser observado y reobservado y discutido. Ésta es una tarea ingrata. Se la toma con un aura de petulancia e insensibilidad. Es, más que nada, una tarea que el ateo no desea.
Aunque resulta menos notorio, nadie necesita identificarse a sí mismo como un no-astrólogo o un no-alquimista. Consecuentemente, no tenemos palabras para la gente que niega la validez de esas pseudodisciplinas. En el mismo sentido, «ateísmo» es un término que no debería existir. El ateísmo no es más que el ruido que la gente razonable hace cuando se topa con el dogma religioso. El ateo es simplemente una persona que cree que los 260 millones de estadounidenses (el 87% de la población) que dicen no tener dudas sobre la existencia de Dios deberían estar obligados a presentar pruebas de su existencia, e incluso, de su benevolencia, dada la imparable destrucción de seres humanos inocentes de la que somos testigos a diario.
Nada más que el ateo advierte cuán sorprendente es nuestra situación: la mayor parte de los nuestros cree en un Dios que, bajo todo concepto, es igual de fantástico que los dioses del Olimpo; nadie, sea cuales fueren sus capacidades, puede ocupar un cargo público en los Estados Unidos sin suponer que ese Dios existe; y muchas de las cosas que pasan en la política pública en este país se deben a tabúes religiosos y supersticiones propias de una teocracia medieval. Nuestra realidad es abyecta, indefendible y horrorosa. Sería graciosa, si las consecuencias no fuesen tan graves.
Vivimos en un mundo donde todas las cosas, buenas y malas, acaban destruidas por el cambio. Los padres pierden a sus hijos y los hijos a sus padres. Los maridos y esposas se separan por un instante, y nunca se vuelven a ver. Los amigos se despiden con prisa, sin saber que será la última vez que lo hagan. Esta vida, cuando se la mira en su totalidad, se aparece como poco más que un vasto drama de la pérdida. La mayoría de las personas, sin embargo, imaginan que hay una cura para esto. Si vivimos correctamente –ni siquiera éticamente, sino dentro de los parámetros de ciertas creencias antiguas y conductas esterotipadas– obtendremos todo lo que queramos después de que hayamos muerto. Cuando caigan finalmente nuestros cuerpos, simplemente nos desharemos de nuestro lastre corporal y viajaremos a una tierra en la que nos reuniremos con todos los que amamos cuando estábamos vivos. Por supuesto, la gente demasiado racional y demás chusma quedará excluida de este sitio feliz, y aquéllos que suspendieron su increencia mientras vivían serán libres para disfrutar de sí mismos por toda la eternidad.
Vivimos en un mundo de sorpresas inimaginables –desde la energía de fusión que irradia el sol a la genética y las consecuencias evolutivas de estas luces que bailan por eones desde el Oriente– y todavía el Paraíso conforma a nuestros intereses más superficiales con la comodidad de un crucero por el Caribe. Esto es asombrosamente extraño. Alguien no lo conociera pensaría que el hombre, en su miedo a perder todo lo que ama, ha creado el cielo, junto con su Dios guardián, a su imagen y semejanza.
Considérese la destrucción que el huracán Katrina dejó en Nueva Orléans. Más de un millar de personas murieron, decenas de miles perdieron todas sus posesiones terrenas y cerca de un millón fueron desposeídas de su hogar. Con seguridad, se puede decir que casi todos los que vivían en Nueva Orléans en el momento del desastre del Katrina creía en un Dios omnipotente, omnisciente y compasivo. ¿Pero qué estaba haciendo Dios mientras un huracán devastaba su ciudad? Seguro que oía la plegarias de los viejos y las mujeres que huían de la inundación hacia la seguridad de sus azoteas, sólo para terminar ahogándose más lentamente. Eran personas de fe. Eran buenos hombres y mujeres que habían rezado durante todas sus vidas. Sólo el ateo ha tenido el coraje de admitir lo obvio: esa pobre gente murió hablándole a un amigo imaginario.
Claro, había advertencias de que una tormenta de proporciones bíblicas sacudiría Nueva Orléans, y el la respuesta humana al desastre posterior fue trágicamente ineficaz. Pero fue ineficaz sólo bajo la luz de la ciencia. Los indicios del avance del Katrina fueron sacados de la muda Naturaleza mediante cálculos meteorológicos e imágenes satelitales. Dios no le cuenta a nadie sus planes. De haberse confiado los residentes de Nueva Orléans en la caridad del Señor, no se habrían enterado de que un huracán asesino se abatiría sobre ellos hasta que hubieran sentido las primeras ráfagas del viento sobre sus rostros. A pesar de todo, según una encuesta del Washington Post, un 80% de los sobrevivientes del Katrina aseguraban que el suceso había reforzado su fe en Dios.
Mientras el Katrina devoraba Nueva Orléans, cerca de mil peregrinos chiítas morían al derribarse un puente en Iraq. No caben dudas de que esos peregrinos creían poderosamente en el Dios del Corán: sus vidas estaban organizadas alrededor del hecho indubitable de su existencia; sus mujeres caminaban con el rostro velado delante de él; sus hombres se mataban regularmente unos a otros en nombre de interpretaciones enfrentada de su palabra. Sería de destacar si un solo de los sobrevivientes de esta tragedia perdiera su fe. Lo más probable es que los sobrevivientes imaginen que han sido resguardados por la gracia de Dios.
Sólo el ateo reconoce el infinito narcisismo y el autoengaño de los que se salvaron. Sólo el ateo comprende cuán moralmente despreciable es que los sobrevivientes de una catástrofe se crean salvados por un Dios amoroso mientras que este mismo Dios ahogaba a los niños en sus cunas. Debido a que se niega a tapar la realidad del sufrimiento del mundo con el disfraz de una fantasía de vida eterna, el ateo siente hasta en los huesos cuán preciosa es la vida, y al mismo tiempo cuán desafortunados sos esos millones de seres humanos que sufren el más terrible ataque a su felicidad sin ninguna razón valedera.
Uno se pregunta cuán vasta y gratuita tiene que ser una castástrofe para que alcance a a sacudir la fe del mundo. El Holocausto no lo consiguió. Tampoco lo habría hecho el genocidio en Ruanda, ni aunque sus perpetradores fuesen sacerdotes armados con machetes. Quinientos millones de personas murieron de viruela durante el siglo XX, casi todos niños. Los caminos de Dios son, sin duda, inescrutables. Pareciera que cualquier hecho, no importa cuán infeliz sea, puede ser compatible con la fe religiosa. En materia de fe, hemos decidido no tener los pies en la Tierra.
Por supuesto, la gente de fe asegura que Dios no es responsable del sufrimiento de la humanidad. Pero, ¿cómo podemos entender que se afirme que Dios es a la vez omnisciente y omnipotente? No hay otro modo, y es tiempo de que los seres humanos razonables lo asuman. Es el viejo problema de la teodicea, claro, y deberíamos considerarlo resuelto. Si Dios existe, pues no puede hacer nada por detener las más descomunales calamidades o no le importa hacerlo. Dios, por consiguiente, o es impotente o es malvado. Los lectores piadosos ejecutarán ahora la siguiente pirueta: Dios no puede ser juzgado por las simples reglas humanas de moralidad. Pero, obviamente, las simples reglas humanas de moralidad son precisamente las que primero usan los fieles para establecer la bondad de Dios. Y cualquier Dios que se preocupara por algo tan trivial como un matrimonio gay o el nombre por el que debe ser mencionado en una plegaria, no es tan inescrutable después de todo. Si existiera, el Dios de Abraham no sería solamente indigno de la inmensidad de la creación, sería indigno de cualquier hombre.
Hay otra posibilidad, claro, y es la más razonable y la más odiosa: el Dios de la Biblia es una ficción. Como Richard Dawkins ha observado, todos somos ateos con respecto a Zeus y a Thor. Sólo el ateo ha concluido que el dios bíblico no es diferente. Consecuentemente, sólo el ateo es lo suficientemente compasivo como para tomarse en serio la hondura del sufrimiento mundial. Es terrible que todos vayamos a morir y perder cada cosa que amamos; es doblemente terrible que tantos seres humanos sufran sin necesidad mientras viven. Buena parte de ese sufrimiento puede ser directamente atribuido a la religión –a los odios religiosos, las guerras religiosas, las ilusiones religiosas (religious delusions) y las diversiones religiosas de escasos recursos–, y es lo que convierte al ateísmo en una necesidad moral e intelectual. Es una necesidad, de todos modos, que el desplaza al ateo hacia los márgenes de la sociedad. El ateo, por el mero hecho de estar en contacto con la realidad, termina lleno de vergüenza al no tener relación con la vida de fantasía de sus vecinos.

La naturaleza de la creencia
Según varias encuestas recientes, el 22 % de los americanos están totalmente convencidos de que Jesús volverá a la Tierra algún día de los próximos 50 años. Otro 22% cree que lo anterior es bastante probable. Seguramente este mismo 44 % de americanos son los que van a la iglesia una vez por semana o más, que creen literalmente que Dios prometió la tierra de Israel a los judíos, y que quieren prohibir la enseñanza del hecho biológico de la evolución a nuestros hijos. Como bien sabe el Presidente George W. Bush, los creyentes de esta categoría constituyen el segmento más cohesionado y motivado del electorado americano. Por consiguiente, sus opiniones y prejuicios influyen en casi todas las decisiones de importancia nacional. Los políticos liberales parecen haber extraído una lección incorrecta de estos acontecimientos y han vuelto su mirada hacia las Escrituras, preguntándose cómo podrían congraciarse con las legiones de hombres y mujeres de nuestro país que votan en gran parte basándose en el dogma religioso. Más del 50 % de los americanos tiene una opinión «negativa» o «sumamente negativa» de la gente que no cree en Dios; el 70 % piensa que es muy importante que los candidatos a la presidencia sean «firmemente religiosos». La irracionalidad se encuentra ahora en ascenso en los Estados Unidos: en nuestras escuelas, en nuestros tribunales y en cada rama del gobierno federal. Sólo el 28 % de los americanos cree en la evolución; el 68 % cree en Satán. Una ignorancia de tal calibre, concentrada tanto en la cabeza como en el vientre de una superpotencia sin rival, representa actualmente un problema para el mundo entero.
Aunque sea bastante fácil para la gente de buen tono criticar el fundamentalismo religioso, la llamada «moderación religiosa» todavía disfruta de un prestigio considerable en nuestra sociedad, incluso dentro de la torre de marfil. Lo anterior resulta irónico, ya que los fundamentalistas tienden a hacer un uso de sus cerebros más basado en principios que los «moderados». Aunque los fundamentalistas justifiquen sus creencias religiosas con pruebas y argumentos extraordinariamente pobres, al menos intentan dar una justificación racional. Los moderados, en cambio, generalmente no hacen más que citar las consecuencias benéficas de la creencia religiosa. En lugar de decir que creen en Dios porque ciertas profecías bíblicas se han cumplido, los moderados dirán que ellos creen en Dios porque esta creencia «da sentido a sus vidas».
Cuando un tsunami mató a cien mil personas el día siguiente al de Navidad, los fundamentalistas interpretaron fácilmente este cataclismo como una prueba de la ira de Dios. Al parecer, Dios había enviado otro mensaje oblicuo a la humanidad sobre los males del aborto, la idolatría y la homosexualidad. Aunque moralmente obscena, esta interpretación de los acontecimientos es hasta cierto punto razonable, aceptando determinadas suposiciones (absurdas). Los moderados, en cambio, rechazan extraer cualquier conclusión sobre Dios a partir de sus obras. Dios sigue siendo un perfecto misterio, una mera fuente de consuelo que es compatible con la existencia del mal más desolador. Ante desastres como el tsunami asiático, la piedad liberal es apta para producir las más afectadas y pasmosas tonterías imaginables. Así y todo, los hombres y mujeres de buena voluntad prefieren habitualmente tales vacuidades a la moralización y profetización odiosas de los creyentes auténticos. Ante las catástrofes, sin duda es una virtud de la teología liberal que ésta enfatice la piedad sobre la ira. Vale la pena señalar, sin embargo, que es la piedad humana lo que se revela –no la de Dios– cuando los cuerpos hinchados de los muertos son devueltos por el mar. Cuando miles de niños son arrancados simultáneamente de los brazos de sus madres y ahogados en el mar durante días, la teología liberal debe revelarse como lo que es –el más vacuo y estéril de los pretextos mortales. Incluso la teología de la ira tiene más mérito intelectual. Si Dios existe, su voluntad no es inescrutable. Lo único inescrutable en estos hechos terribles es que hombres y mujeres neurológicamente sanos puedan creer lo increíble y pensar que esto es la cumbre de la sabiduría moral.
Es completamente absurdo sugerir, como hacen los religiosos moderados, que un ser humano racional pueda creer en Dios simplemente porque esta creencia le hace feliz, porque alivia su miedo a la muerte o porque otorga sentido a su vida. La absurdidad se hace obvia en el momento en que cambiamos la noción de Dios por alguna otra proposición de consuelo: imaginemos, por ejemplo, que un hombre desea creer que existe un diamante enterrado en algún lugar de su patio trasero, y que este diamante es del tamaño de un refrigerador. Sin duda, se sentirá extraordinariamente bien al creer esto. Imaginemos qué pasaría entonces si ese hombre siguiera el ejemplo de los religiosos moderados y mantuviera dicha creencia en términos pragmáticos: cuando se le pregunta por qué piensa que hay un diamante en su patio trasero y que además ese diamante es miles de veces mayor que ningún otro que haya sido descubierto, el hombre dice cosas como las siguientes: «Esta creencia da sentido a mi vida», o «Mi familia y yo disfrutamos cavando para encontrarlo los domingos», o «Yo no querría vivir en un universo donde no hubiera un diamante enterrado en mi patio trasero y que fuera del tamaño de un refrigerador». Claramente estas respuestas son inadecuadas. Pero son peores que eso. Son las respuestas de un loco o de un idiota.
Aquí podemos ver por qué la apuesta de Pascal, el «salto de fe» de Kiergegaard y otros esquemas epistemológicos fideístas no tienen el menor sentido. Creer que Dios existe es creer que uno se encuentra en alguna relación con su existencia, tal que dicha existencia es ella misma la razón de la creencia de uno. Debe haber alguna conexión causal, o al menos una apariencia de ésta, entre el hecho en cuestión y la aceptación de ese hecho por parte de la persona. De este modo, podemos ver que las creencias religiosas, para ser creencias sobre cómo es el mundo, deben ser tan probatorias en el ámbito del espíritu como en cualquier otro ámbito. Pese a todos sus pecados contra la razón, los fundamentalistas religiosos entienden lo anterior; los moderados –casi por definición– no lo entienden en absoluto.
La incompatibilidad entre la razón y la fe ha sido un rasgo evidente de la cognición humana y del discurso público durante siglos. Una persona debe tener buenas razones para sostener firmemente lo que cree o lo que no cree. Las personas de todos los credos generalmente reconocen la primacía de las razones, y recurren al razonamiento y a las pruebas siempre que pueden. Cuando la indagación racional apoya el credo, aquélla siempre es defendida; cuando representa una amenaza, es ridiculizada, a veces en la misma frase. Sólo cuando las pruebas favorables a una doctrina religiosa son escasas o inexistentes, o hay una evidencia aplastante en su contra, sus defensores invocan la «fe». Es decir, los fieles simplemente citan los motivos para defender sus creencias (por ejemplo, «el Nuevo Testamento confirma las profecías del Antiguo testamento», «yo vi la cara de Jesús en una ventana», «rezamos, y el cáncer de nuestra hija comenzó a retroceder»). Tales razones son generalmente inadecuadas, pero son mejores que ninguna razón en absoluto. La fe no es más que la licencia que la gente religiosa se otorga a sí misma para seguir creyendo cuando las razones fallan. En un mundo fragmentado por creencias religiosas incompatibles entre sí, en una nación que se encuentra cada vez más sometida a concepciones propias de la Edad de Hierro acerca de Dios, el final de la historia y la inmortalidad del alma, esta lánguida división de nuestro discurso en asuntos de razón y asuntos de fe es sencillamente inadmisible.

La fe y la sociedad buena
La gente de fe afirma regularmente que el ateísmo es responsable de algunos de los crímenes más espantosos del siglo XX. Aunque sea cierto que los regímenes de Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot eran irreligiosos en diversos grados, no eran especialmente racionales. De hecho, sus declaraciones públicas eran poco más que letanías de ilusiones: ilusiones sobre la raza, la identidad nacional, la marcha de la historia o los peligros morales del intelectualismo. En muchos sentidos, la religión fue directamente culpable incluso en estos casos. Consideremos el Holocausto: el antisemitismo que construyó pieza a pieza los crematorios nazis era una herencia directa del cristianismo medieval. Durante siglos, los alemanes religiosos habían visto a los judíos como la peor especie de herejes, y habían atribuido todos los males sociales a su presencia continuada entre los fieles. Mientras en Alemania el odio a los judíos se expresaba de un modo predominantemente secular, la demonización religiosa de los judíos continuó existiendo en Europa. (El propio Vaticano perpetuó el libelo de la sangre en sus publicaciones, en una fecha tan tardía como 1914.)
Auschwitz, el Gulag y los campos de la muerte no son ejemplos de lo que ocurre cuando la gente se hace demasiado crítica con las creencias injustificadas; al contrario, estos horrores son un testimonio de los peligros que conlleva el no pensar lo bastante críticamente sobre ideologías seculares específicas. Por supuesto, un argumento racional contra la fe religiosa no es un argumento para abrazar ciegamente el ateísmo como dogma. El problema expuesto por el ateo no es otro que el problema del dogma mismo (del que toda religión participa en grado extremo). No existe ninguna sociedad en la historia escrita que haya sufrido porque su gente se volviera demasiado razonable.
Aunque la mayor parte de los americanos creen que deshacerse de la religión es un objetivo imposible, la mayor parte del mundo desarrollado ya lo ha conseguido. Cualquier relato sobre un supuesto «gen divino», el cual sería responsable de que la mayoría de los americanos organicen desvalidamente sus vidas alrededor de antiguas obras de ficción religiosa, debe explicar por qué tantos habitantes de otras sociedades del Primer Mundo parecen carecer de dicho gen. El nivel de ateísmo existente en el resto del mundo desarrollado refuta cualquier argumento según el cual la religión es de algún modo una necesidad moral. Países como Noruega, Islandia, Australia, Canadá, Suecia, Suiza, Bélgica, Japón, Países Bajos, Dinamarca y el Reino Unido se encuentran entre las sociedades menos religiosas de la Tierra. Según el Informe de Desarrollo Humano 2005 de las Naciones Unidas, dichos países son también los más sanos, como indican las medidas de esperanza de vida, alfabetismo adulto, ingresos per cápita, desarrollo educativo, igualdad entre sexos, tasa de homicidios y mortandad infantil. A la inversa, las 50 naciones que ahora se encuentran en el escalafón más bajo en términos de desarrollo humano son fuertemente religiosas. Otros análisis reflejan la misma situación: los Estados Unidos son únicos entre las democracias ricas por su nivel de fundamentalismo religioso y por su oposición a la teoría evolutiva; también son únicos por las altas tasas de homicidio, abortos, embarazos de adolescentes, casos de SIDA y mortandad infantil. La misma comparativa es cierta dentro del territorio de los Estados Unidos: los Estados del Sur y del Medio Oeste, caracterizados por los niveles más altos de superstición religiosa y de hostilidad hacia la teoría evolutiva, están especialmente afectados por los mencionados indicadores de disfunción social, mientras que los estados relativamente seculares del Noreste se conforman más a los estándares europeos. Desde luego, los datos correlacionales de este tipo no resuelven las cuestiones de causalidad –la creencia en Dios puede conducir a la disfunción social; la disfunción social puede dar lugar a la creencia en Dios; cada factor puede fomentar el otro; o bien ambos factores pueden surgir de alguna fuente más profunda de disfuncionalidad. Dejando aparte la cuestión de la causa y el efecto, estos hechos demuestran que el ateísmo es absolutamente compatible con las aspiraciones básicas de una sociedad civil; también demuestran, de manera concluyente, que la fe religiosa no hace nada para asegurar la salud y el bienestar de una sociedad.
Los países con altos niveles de ateísmo también son los más caritativos en términos de prestación de ayuda extranjera al mundo en desarrollo. El dudoso eslabón existente entre el fundamentalismo cristiano y los valores cristianos también es refutado por otros índices de caridad. Consideremos la proporción entre los salarios de los altos ejecutivos y los salarios de los empleados medios: en Gran Bretaña es de 24 a 1; en Francia, de 15 a 1; en Suecia, de 13 a 1; en los Estados Unidos, donde el 83 % de la población cree que Jesús literalmente resucitó de entre los muertos, es de 475 a 1. Parece que aquí muchos camellos esperan entrar fácilmente por el ojo de una aguja.

La religión como fuente de violencia
Uno de los mayores desafíos afrontados por la civilización en el siglo XXI es que los seres humanos aprendan a hablar sobre sus intereses personales más profundos –sobre la ética, la experiencia espiritual y la inevitabilidad del sufrimiento humano– de un modo que no sea flagrantemente irracional. Nada obstaculiza más el camino de este proyecto que el respeto que concedemos a la fe religiosa. Doctrinas religiosas incompatibles han balcanizado nuestro mundo en comunidades morales separadas –cristianos, musulmanes, judíos, hindúes, etc.– y estos desacuerdos se han convertido en una fuente continua de conflicto humano. Ciertamente, la religión es hoy en día una fuente activa de violencia, tanto como lo fue en cualquier momento del pasado. Los conflictos recientes en Palestina (judíos contra musulmanes), los Balcanes (serbios ortodoxos contra croatas católicos; serbios ortodoxos contra musulmanes bosnios y albaneses), Irlanda del Norte (protestantes contra católicos), Cachemira (musulmanes contra hindúes), Sudán (musulmanes contra cristianos y animistas), Nigeria (musulmanes contra cristianos), Etiopía y Eritrea (musulmanes contra cristianos), Sri Lanka (budistas cingaleses contra hindúes tamiles), Indonesia (musulmanes contra cristianos timoreses), Irán e Irak (musulmanes chiítas contra musulmanes sunníes), y Cáucaso (rusos ortodoxos contra musulmanes chechenos; musulmanes azerbaijanos contra armenios católicos y ortodoxos) son simplemente algunos ejemplos. En estos lugares, la religión ha sido la causa explícita de literalmente millones de muertos en los últimos 10 años.
En un mundo dividido por la ignorancia, sólo el ateo se niega a rechazar lo evidente: la fe religiosa promueve la violencia humana a un nivel asombroso. La religión inspira la violencia en al menos dos sentidos: (1) a menudo las personas matan a otros seres humanos porque creen que el Creador del Universo quiere que así lo hagan (el corolario psicopático inevitable es que tal acto les asegurará una eternidad de felicidad después de la muerte). Los ejemplos de este tipo de comportamiento son prácticamente innumerables, siendo el más destacado el de los terroristas suicidas jihadistas. (2) Un número cada vez mayor de personas se encuentran inclinadas hacia el conflicto religioso, simplemente porque su religión constituye el corazón de sus identidades morales. Una de las patologías duraderas de la cultura humana es la tendencia a educar a los niños en el temor y a demonizar a otros seres humanos en base a la religión. Muchos conflictos religiosos que parecen motivados por intereses terrenales son, por lo tanto, de origen religioso. (Los irlandeses lo saben muy bien.)
A pesar de todos estos hechos innegables, los religiosos moderados tienden a imaginarse que el conflicto humano siempre puede reducirse a la carencia de educación, a la pobreza o a los agravios políticos. Ésta es una de las muchas ilusiones de la piedad liberal. Para disiparla, sólo tenemos que pensar en el hecho de que los secuestradores del 11-S eran universitarios de clase media-alta que no tenían ninguna historia conocida de opresión política. Sin embargo, habían pasado una cantidad de tiempo excesiva en su mezquita local, oyendo hablar de la depravación de los infieles y de los placeres que esperan a los mártires en el Paraíso. ¿Cuántos arquitectos e ingenieros aeronáuticos deberán volver a estrellarse contra una pared a 400 millas por hora, antes de que admitamos que la violencia jihadista no es un asunto de educación, política o pobreza? La verdad, bastante asombrosa, es la siguiente: una persona puede ser tan culta e instruída como para construir una bomba nuclear, y así y todo creer que obtendrá a 72 vírgenes en el Paraíso para toda la eternidad. Tal es la facilidad con que la mente humana puede ser alienada por la fe, y tal es el grado de acomodación de nuestro discurso intelectual a la ilusión religiosa. Sólo el ateo ha observado lo que ahora debería ser evidente para todo ser humano pensante: si queremos desarraigar las causas de la violencia religiosa debemos desarraigar las falsas certezas de la religión.

¿Por qué la religión es una fuente tan poderosa de violencia humana?

  • Nuestras religiones son intrínsecamente incompatibles entre sí. Jesús resucitó de entre los muertos y volverá a la Tierra como un superhéroe, o no; el Corán es la palabra infalible de Dios, o no lo es. Cada religión hace afirmaciones explícitas sobre cómo es el mundo, y la profusión abrumadora de estas afirmaciones incompatibles –que además son dogmas de fe obligatorios para todos los creyentes– crea una base duradera para el conflicto.
  • No hay ninguna otra esfera del discurso en la que los seres humanos articulen de manera tan clara sus diferencias mutuas, o en la que expresen estas diferencias en términos de recompensas y castigos eternos. La religión es la única realidad humana en la que el pensamiento nosotros-ellos alcanza una importancia trascendente. Si una persona cree realmente que llamar a Dios por su nombre correcto puede marcar la diferencia entre la felicidad eterna y el sufrimiento eterno, entonces se hace bastante razonable tratar con rudeza a los herejes e incrédulos. Hasta puede ser razonable matarlos. Si una persona piensa que hay algo que otra persona puede decirles a sus hijos que podría poner en peligro sus almas para toda la eternidad, entonces el vecino hereje es en realidad mucho más peligroso que el más sádico violador infantil. Los estigmas de nuestras diferencias religiosas son enormemente más pronunciados que los nacidos del mero tribalismo, del racismo o de la política.

La fe religiosa es un poderoso obstáculo al diálogo. La religión no es más que el área de nuestro discurso donde las personas se protegen sistemáticamente de la exigencia de aportar pruebas en defensa de sus creencias firmememente sostenidas. Así y todo, estas creencias de las personas a menudo determinan para qué viven, para qué morirán, y –demasiado a menudo– para qué matarán. Éste es un problema muy grave, porque cuando los estigmas diferenciales son muy pronunciados los seres humanos sólo encuentran una opción entre el diálogo y la violencia. Sólo una buena voluntad fundamental de ser razonable –de manera que nuestras creencias sobre el mundo sean revisadas por nuevas pruebas y nuevos argumentos– puede garantizar que sigamos hablando entre nosotros. La certeza sin pruebas es necesariamente divisoria y deshumanizadora. Aunque no existe ninguna garantía de que la gente racional siempre vaya a ponerse de acuerdo, indudablemente la gente irracional siempre estará dividida por sus dogmas. Parece sumamente improbable que podamos curar los desacuerdos existentes en nuestro mundo simplemente multiplicando las ocasiones para el diálogo interconfesional.
El objetivo de la civilización no puede ser la tolerancia mutua ni la irracionalidad manifiesta. Aunque todos los partidarios del discurso religioso liberal han acordado pasar de puntillas por aquellos puntos en los que sus visiones del mundo chocan frontalmente, estos mismos puntos seguirán siendo fuentes de conflicto perpetuo para sus correligionarios. La corrección política, por lo tanto, no ofrece una base duradera para la cooperación humana. Si la guerra religiosa debe hacerse inconcebible para nosotros, del mismo modo que ya lo son la esclavitud y el canibalismo, es absolutamente necesario prescindir de todos los dogmas de fe.
Cuando tenemos razones para creer lo que creemos, no tenemos ninguna necesidad de fe; cuando no tenemos ninguna razón, o sólo tenemos malas razones, hemos perdido nuestra conexión con el mundo y con los seres humanos. El ateísmo no es sino un compromiso con el nivel más básico de honestidad intelectual: las convicciones de una persona deberían ser proporcionales a sus pruebas. Pretender estar seguro de algo cuando no se está –en realidad, pretender estar seguro sobre proposiciones para las que ni siquiera es concebible prueba alguna– es un defecto tanto intelectual como moral. Sólo el ateo ha comprendido esto. El ateo es simplemente una persona que ha percibido la mentira de la religión y que ha rechazado convertirla en una mentira propia.

17 Comments »

  1. josue said,

    June 11, 2008 at 2:55 pm

    Quiero hacer una breve comentario respecto al parrafo que dice:
    La religión como fuente de violencia:
    no estoy en desacuerdo respecto a la violencia que deviene de preceptos religiosos, mas si lo vemos desde otro ángulo lo que choca no es precisamente religión, y me explico porque, lo que hay son choques de corrientes de pensamiento (aun que no exista una deidad de por medio siempre hay problemas sociales) y lo que quiero decir es que la humanidad aun que nunca hubiera pensado en la existencia de algún dios, la violencia seria la misma, es como la lucha por tierras en Israel, pienso que es eso mismo querer tierra, querer ser mas grandes, si no hubiera guerra santa, hubiera existido algún tipo de testamento de algún territorio. Las guerras por “petróleo”, toda guerra tiene un interés escondido detrás de lo que se dice.
    lo que sucede es que existe un arma que es de convencimiento perpetuo que utilizan las elites jerárquicas para darle continuidad a un plan de interés propio y esto yo lo veo como utilizar a dios. puesto que la idea de dios es la infinidad del tiempo, no se pierden los intereses aun que se cambien los lideres.
    Es por ello que las mafias al no contar con sus lideres porque morían o los mataban, por lo regular llegaban a un estancamiento y se perdían.
    cuando hablo de elites jerárquicas me refiero a lideres, pero que es un lider, estaba leyendo un libro de guerra y me tope con un concepto que me impacto por su brevedad y objetividad. “un buen líder es el que hace que sus adeptos den la vida por su causa” tal es el caso de hitler.
    Solo quiero terminar con un pequeño ejemplo:
    Digamos que mis padres me heredan una propiedad bajo palabra, a mi como todo me resbala no me importaría una lucha con otros supuestos herederos que en este caso podrían ser mis hermanos, pero si en ese territorio hubiera oro por ejemplo, creo que ya no seria lo mismo si ninguno de mis hermanos deseara compartirlo,
    Hipótesis:
    Vale la pena una batalla que si yo no la hubiera ganado aun después de mi muerte mis hijos siguieran luchando por ella??? (y no involucremos a dios en nada) sera que mis hijos seguirían peleando. Aun fueran pobres o ricos??
    Yo pienso que si. y ellos lucharian digamos en mi nombre.
    saludos

  2. Carlos said,

    June 11, 2008 at 3:59 pm

    “Los lectores piadosos ejecutarán ahora la siguiente pirueta: Dios no puede ser juzgado por las simples reglas humanas de moralidad”

    Aqui surge una curiosa pregunta.

    Si no se puede juzgar a dios con nuestros estandares morales… entonces como saben que no estan adorando a un tirano? O un dios malevolo como satanas?

    “Cuando un tsunami mató a cien mil personas el día siguiente al de Navidad, los fundamentalistas interpretaron fácilmente este cataclismo como una prueba de la ira de Dios. Al parecer, Dios había enviado otro mensaje oblicuo a la humanidad sobre los males del aborto, la idolatría y la homosexualidad.”

    Esto me dio risa. Si dios estaba encabronado con los homosexuales y los abortos, porque no directamente mato a los responsables de estos pecados o los convirtio en una pila de sal, ya que en la biblia dios puede ser una maquina genocida y sangrienta muy efectiva contra personas que no hicieron “uuuuu” y aaaaahhh” sobre sus poderes magicos. Porque se tuvo que traer a niños inocentes? Que mala punteria!!

  3. r21187 said,

    June 11, 2008 at 7:03 pm

    que desmerequetengue ….
    solo se me ocure una cosa
    si ellos tienen una yijad(o como se escriba)
    yo creo que seria bueno(de echo genial) que recrememos una
    “RAGNAROK”
    si dios mandase un mensaje a la humanidad y durante el proceso muriese mi hija o algo similar
    que opciones me deja?

  4. Erick said,

    June 11, 2008 at 8:54 pm

    Carlos,

    Dios no tiene mala punteria, si lees la biblia veras que dios es un chamaco berrinchudo lleno de furia que cuando se enoja lanza patadas a lo que pueda alcanzar. Esa es la furia “perfecta” y llena de “amor” de dios. Y sigue siendo curioso como un dios “amoroso” hace tanta cosa…nada amorosa.

    Pero mala punteria? Como te atreves a decir eso? Dios quiso matar a esas personas para mostrarles a los homosexuales y a los que abortan lo que el puede hacer. Osea, mata a unos para atemorizar a los otros. Ya entendiste? No? Yo tampoco…

    Contradiccion? Sea usted el juez… si es que tiene un poco de sentido comun claro esta.

  5. mariana said,

    June 14, 2008 at 6:32 am

    Pensando en todas las cosas horribles que ocurren en el mundo, a veces pienso: Como es que Dios puede permitir esto?… o donde estaba Dios cuando paso tal cosa?… y la respuesta OBVIA que encuentro es que Dios esta en el mismo lugar donde a su hijo le estaban haciendo toda clase de atrocidades, estaba perdiendo a su unico hijo amado, estaba viendo el dolor de Jesus, pidiendole si era posible pasar que le hiciera evitar eso, subrio un dolor inmenso de perder un ser tan querido por amor a todos nosotros, creamos en El o no, nos ama hagamos lo que hagamos, pensemos lo que pensemos, digamos lo que digamos, despues de todo somos creacion suya, el nos diseño, nos penso y nos amo, aun sabiendo si le ibamos a amar o no.
    Dios sufre por las cosas terribles que pasan… las cosas terribles que pasan provienen de la maldad del hombre…y Dios si que sufre por todo esto…y si el mundo aun sigue en pie y se sostiene es porque Dios permite que pasen cosas increibles, por que esta la presencia de Dios es que podemos disfrutar de cosas hermosas como el amor, el perdon, la bondad, la fidelidad…Dios esta en la cruz siendo clavado nuevamente cuando pasan cosas horribles… sufriendo y perdonando siempre.

  6. r21187 said,

    June 14, 2008 at 11:32 am

    !!!RAGNAROK!!!

  7. Carlos said,

    June 14, 2008 at 8:19 pm

    “las cosas terribles que pasan provienen de la maldad del hombre…y Dios si que sufre por todo esto”

    Y que tal los tsunamis, huracanes, terremotos, cancer, defectos geneticos que no tienen nada que ver con el libre albedrio del hombre? Que tal un niño de 5 años muriendo de leucemia? O un niño de 2 años pasando hambre y frio porque el clima no favorece el crecimiento de las cosechas?

  8. angel said,

    June 16, 2008 at 8:05 am

    Lo que pasa Carlos es que los creyentes van a encontrár una excusa SIEMPRE para un dios inventado.

    Pue sel solo no puede “defenderse”

  9. mariana said,

    June 16, 2008 at 6:13 pm

    yo se obviamente que no creen en que Dios creo el Universo y de mas.. pero la Biblia dice que cuando Dios creo todas las cosas todo era perfecto.. pero el hombre desobedecio a Dios y comenzo la maldad, no es responsabilidad de Dios que ocurran cosas malas, el hombre es quien permitio que lo malo ocurra, y ademas lo sigue permitiendo aun…yo estoy viviendo un momento en mi vida en el que me siento responsable porque no estoy haciendo mucho para detener el calentamiento global, que contribuye a los desastres naturales, tampoco estoy haciendo por donar organos ni contribuyendo monetariamente para organismos que combatan o prevengan enfermedades, sera por eso que tampoco puedo responsabilizar a Dios de mi innegligencia; por otra parte la maldad tambien es producto del obrar de Satanas. Dios no necesita defensa… lo que digo es porque pense que este foro podia estar abierto a distintas opiniones… perdon si mis comentarios molestaron. Saludos!!

  10. mariana said,

    June 16, 2008 at 6:22 pm

    Por cierto… Josue, Carlos, r21187, Erick y Angel… puedo asegurales que Dios los ama con toda su escencia… y los conoce y quizo que fueran aun antes de nacer…

  11. angel said,

    June 16, 2008 at 10:12 pm

    Si Mariana, el ya sabía incluso que no creeriamos en el, sabía que muchos niños sufrirían, sabía de todas las violaciones antes que sucedan, sabía de los asesinos antes que nacieran y sabía de cada desastre natural y sufrimiento de cada persona en este mundo.
    Entonces?
    1- no quiso evitar todo este dolor? ES UN DESGRACIADO
    2- no podía evitarlo? NO ES OMNIPOTENTE
    3- definitivamente no lo sabía…(NO LO SABE TODO)

    No te has preguntado entonces de que DEMONIOS te sirve rezar/orar por algo si igual es su “SANTA” VOLUNTAD?
    PARA QUE REZAS? PARA QUE ME BENDICES SI IGUAL EL ME AMA AUNQUE YO NO CREA EN EL?

    Sabrá dios que no existe?
    jaja

  12. josue said,

    June 17, 2008 at 9:49 am

    mariana:
    como me dijo un buen amigo, un consejo nunca esta de mas. si Dios existe (yo si creo) de seguro que a todos nos ama, pero me gusta saber lo que piensan los demas, por eso tengo oido para todos. y deseo aprender de todos.
    Saludos.

  13. mariana said,

    June 18, 2008 at 10:09 am

    Angel… si oro por algo sabiendo que Dios ya sabe que va a ocurrir, es porque me gusta tener esa dependencia de Dios, es lo que me permite continuar, en paz en medio de la tormenta, porque Dios puede hacer milagros, y los hace hoy dia, a mi me cuesta mucho aceptar la voluntad de Dios, ahora mismo estoy en medio de un gran gran problema, o muchos problemas, pero tengo paz sobrenatural.. que sobrepasa todo mi entendimiento y se que esa paz no proviene de mi… no importa si de estos problemas salga ilesa, dolida o no salga, me importa saber que es Dios quien me guia, que el tiene el control de las cosas, porque fui creada para darle todo el honor a mi Dios omnipresente, omnipotente, real, y todos los atributos que se puedan nombrar.
    Te aseguro que el es quien mas sufre por todas las cosas, el no nos creo para lo que esta pasando el nos dio la oportunidad como humanidad de vivir en lo sublime de la bondad, pero elegimos desobedecerle, nos dejo elgir, como huamnidad desobedecimos a Dios, y vivimos las consecuencias del pecado, como Humanidad, tanto nuestro o de otros, Dios no quiere que violen a un bebe, por supuesto que no , pero el violador elige hacer el mal, el asesino elige matar…Dios deja elegir; como el caso de dejar que crean en el o no, que es una eleccion, yo elgi creer en el como vos elegiste no creer. Y si por ahi comparto estas cosas no es para ganar en argumento no me interesa, lo hago porque me gustaria que puedan creer en Dios, porque es la cosa mas maravillosa que e experimentado en mi vida, y sinceramente me gustaria que todos en el mundo puedan experimentar el amor de Dios. Saludos!!

  14. mariana said,

    June 18, 2008 at 10:22 am

    y tambien como dice Josue… me quede pensando… me gusta saber las distintas opiniones o argumentos, porque la verdad de que he entrado en este sitio las cosas que se comentan me dejan pensando… y como a mi fe trato en parte de encontrarle una razon… este es buen lugar para eso por que se hacen preguntas realmente buenas…que te permiten abrir el pensamiento…por ejemplo he pensado mucho este tiempo sobre el tema de si Dios sabe todas las cosas por que no las evita.. que lo lei en muchos de sus comentarios… talvez sea tambien porque como estoy en un mal momento yo quisiera que el evitara mi dolor, no se, pero tanto pienso y pienso que vuelvo a sentir que me resulta imposible no creer por otras cosas maravillosas que el hace en mi vida, y en la vida de muchos.

  15. josue said,

    June 18, 2008 at 2:30 pm

    Mariana:

    Como esta!!! Mariana la labor de Dios se manifiesta en nuestras vidas al tener como dice usted. “paz en medio de los problemas” y se que es duro, pero mucho depende de usted, de lo que usted se proponga en su vida.
    El optimismo, la esperanza y los deseos de salir adelante, es la senda que nos lleva al triunfo, y algunos aceptamos a Dios para ayudarnos. Lógicamente cambiar la mentalidad de las personas respecto a lo que Dios puede hacer en su vida es algo muy duro.
    Pero siempre pienso en que el tiempo es quien dictara al final nuestros caminos.
    Yo en este sitio he encontrado muchas palabras que me han ayudado en mi aprendizaje y al modo en que debo comunicarme con los demás, aparte he aprendido mucho de teorías y materias de la vida, tanto que he cambiado mi perspectiva teísta en muchos aspectos.
    También he dejado muchos comentarios unos buenos y otros malos pero ahí si que como diría usted he pasado por momentos duros y unos no tantos.

    Saludos Mariana que todo estará bien.

  16. angel said,

    June 18, 2008 at 2:36 pm

    Bueno mariana, gracias por tus comentarios y bienvenida, talvez sentiste un poco agresivo mi comentario anterior y te ofrezco una disculpa si así fué.

    Lo que te puedo decir de lo que me dices es que talvez somos los humanos los que queremos que existiese un dios.

    Talvez uno quiere aferrarse a la idea de que existe este ser que puede sacarnos de apuros…..Peroooo..

    Que tal si asumimos nuestras desiciones?

    Si te pones a pensar, los musulmanes también sienten esa fuerza “sobrenatural” eso implica que su dios existe?
    Lo mismo pasó con civilizaciones a lo largo de la historia del mundo, civilizaciones que conquistaban a sus vecinos y eso implicaba asesinar sus creencias y reemplazarlas por las del vencedor. (Te suena la conquista de América?)

    ¿Que pasó con la conquista de América? Escuchaste de la evangelización? como la lograron? que pasaría si nos hubiesen conquistado los japoneses? mongoles? Nigerianos? Australianos? Irlandeses? o mejor aún, que hubiese pasado si los Mayas, Aztecas o Incas hubiesen conquistado el resto del mundo?
    (talvez estarías creyendo en Quetzalcoatl)

    Entiendes a lo que me refiero?

    Puede ser que algo exista superior a nosotros, no tengo pruebas de que NO exista.
    Pero nade me indica que esto que puede existir tiene alguna incidencia en nuestras vidas, NADA me indica que nuestra suerte cambia si le vamosa uno o a otro de los dioses que existen “en las mentes” de millones de personas.

    Es más! sabes cuantas personas creen en el dios cristiano?
    si la población del planeta se redujera a 100 personas en sus porcentajes actuales, aproximadamente de 30 personas creerían en el dios cristiano y de estas 30 grupos segmentarían la iglesia haciendo la propia con grupos como de 3 cada uno. Y de estos 3, uno iría a la iglesia porque su familia siempre ha ido, y no por convicción, no estaría seguro de que es lo que hace alli.

    El resto tendría otras religiones y las características son similares.

  17. Carlos said,

    June 18, 2008 at 10:03 pm

    Mariana

    “yo elgi creer en el como vos elegiste no creer”

    El no creer dn dios no es una eleccion. O acaso tu no crees en el monstruo del espaguetti volador porque elegiste no creer?

    Tu elegiste dejar de creer en santa claus? O simplemente aceptaste la verdad?

    Y si Satanas obra de mala manera… porque lo creo dios en primer lugar?

    Imaginate que ando parrandeando con un amigo y yo cargo una pistola. Se da una bronca entre mi amigo con otro tipo que esta borracho… Si viene mi amigo y me pide la pistola, que pasa si se la doy? Si yo se que mi amigo va a matar al otro tipo…. Sera que yo tambien tengo la culpa si le doy la pistola y lo mata? Claro que si. El consentidor paga por igual. Lo mismo en el caso de dios, si dios sabia que satanas se iba a revelar o a obrar mal por adelantado, entonces el es consentidor.

    Estoy totalmente de acuerdo que el mal del mundo es por el hombre. Pero si dios existe y nos dio el libre albedrio sabiendo las consecuencias… eso es como que venga un padre que tiene un hijo drogadicto y para navidad le regale heroina. Si tu sabes que tu hijo va usar cocaina… se lo regalarias?

    Si dios existe… pues es un padre incompetente e irresponsable.

    Una pregunta…. sera que los terremotos son obrar de satanas? Como combinas las placas tectonicas con espiritus malignos o libre albedrio?

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